Una semana de caos aéreo, ceniza hasta Malta y Libia, y un aeropuerto al límite
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Запишитесь на процедуру уже сейчасLo que a finales de julio parecía un episodio más dentro del verano agitado del Etna se ha convertido, dos semanas después, en una de las crisis volcánicas más largas y disruptivas que ha vivido Sicilia en los últimos años. La nueva fase eruptiva, iniciada el 6 y 7 de agosto en el cráter Voragine, cumplió esta semana su séptimo día consecutivo de afectaciones graves en el aeropuerto Vincenzo Bellini de Catania, con la nube de ceniza volcánica llegando ya hasta Malta y, en cantidades menores, hasta las costas de Libia.
Si en nuestro reportaje anterior, El Despertar del Etna, narrábamos el salto del código de alerta a rojo durante el paroxismo del 30 de julio, esta nueva entrega recoge cómo la montaña siciliana ha escalado su actividad hasta convertir a Catania en el epicentro de uno de los mayores colapsos aéreos regionales del año.
De la Valle del Leone a nuevas bocas eruptivas
Tras el episodio del 30 de julio, el volcán mantuvo una actividad fluctuante durante la primera semana de agosto, hasta que el 6 de agosto comenzó una nueva erupción de tipo estromboliano en el cráter Voragine, que evolucionó rápidamente hacia un espectacular episodio de fuentes de lava. En los días siguientes se abrieron nuevas bocas eruptivas a 2.750 y 2.360 metros de altitud, en la parte alta del Valle del Bove, alimentando varios flujos de lava que han ido formando extensos campos de coladas. El 8 de agosto se registró además un pequeño flujo piroclástico dentro del propio Valle del Bove, aunque sin poner en riesgo zonas habitadas.
Según el Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología (INGV), el frente de lava más avanzado alcanzó los 1.370 metros de altitud, bien alimentado pero sin representar peligro inmediato: el magma se dirige hacia el interior del Valle del Bove, una depresión deshabitada capaz de absorber grandes volúmenes de material volcánico sin amenazar a la población.

Un aeropuerto al límite: 700 vuelos y más de 100.000 pasajeros afectados
El impacto sobre la movilidad ha sido, esta vez, muchísimo mayor que en el episodio de finales de julio. Desde el 7 de agosto, se estima que alrededor de 700 vuelos fueron cancelados, retrasados o desviados desde y hacia Catania, con un impacto directo sobre más de 100.000 pasajeros. Solo en el aeropuerto de Palermo se recibieron 190 vuelos desviados, afectando a unos 30.000 viajeros que debieron reorganizar sus planes con apenas horas de margen.
La empresa gestora del aeropuerto, SAC, explicó que la evolución de la nube de ceniza obliga a modificar la programación de vuelos «incluso varias veces en el mismo día», dado que su dirección depende directamente del viento. Comiso, que había funcionado como aeropuerto alternativo, llegó a cerrar temporalmente también por la propia nube antes de reabrir horas después. Pasajeros varados describieron escenas de filas interminables, falta de información y traslados improvisados en autobús hacia Palermo y Trapani ante la escasez de coches de alquiler.
El caso puso en evidencia, además, una vulnerabilidad más amplia: al ser Catania el quinto aeropuerto más importante de Italia, su bloqueo generó un efecto dominó sobre la movilidad de toda la isla, con hoteles y operadores turísticos temiendo un impacto negativo sobre lo que resta de temporada alta.
Ceniza hasta en las playas — y hasta en Malta
La intensa columna de ceniza generada por el Voragine se desplazó desde el fin de semana pasado hacia el sur y suroeste, cubriendo carreteras, colinas e incluso playas de la zona. Los municipios de Belpasso, Adrano, Ragalna y Paternò, todos ellos al pie del volcán, amanecieron varios días cubiertos de una fina capa de ceniza gris.
Lo más llamativo, sin embargo, es el alcance internacional del fenómeno: imágenes satelitales del programa europeo Copernicus Sentinel-2 mostraron cómo la nube llegó a sobrevolar Malta, obligando a varias aerolíneas a cancelar vuelos hacia la isla en plena temporada alta turística, pese a los más de 200 kilómetros de mar que la separan del volcán. El Centro de Avisos de Ceniza Volcánica (VAAC) de Toulouse detectó la nube a una altitud de unos 5.500 metros, con trazas incluso sobre las costas de Libia, a más de 500 kilómetros de distancia.
Un magma «distinto»: la lectura de los vulcanólogos
Más allá de la logística aeroportuaria, lo que más preocupa a los científicos es la naturaleza de esta nueva fase. El vulcanólogo Marco Viccaro, consultado por la prensa italiana, explicó que el magma que alimenta la actual erupción proviene de una fuente más profunda y con mayor carga de gases que en episodios anteriores, lo que podría anticipar una actividad prolongada. Según el experto, el despertar del cráter Voragine podría tener efectos que se extiendan durante los próximos años, y no se trataría de un episodio puntual como los de julio.
Es una lectura que encaja con la propia biografía del volcán: el Etna lleva más de 2.700 años de erupciones documentadas sin interrupciones prolongadas, y en varias ocasiones ha alternado fases de relativa calma con ciclos de años de actividad casi constante, como ocurrió, por ejemplo, entre 2011 y 2013 o durante buena parte de la década de 2020.
Curiosidades de una crisis que no es la primera —ni será la última
Pese a lo excepcional de sus dimensiones actuales, este episodio se inscribe en una larga tradición de cierres aeroportuarios en Catania. En 2002, una erupción histórica obligó a mantener el aeropuerto cerrado varias semanas; en febrero de 2021, una serie de paroxismos en el cráter de Sudeste cerró el espacio aéreo en múltiples ocasiones en pocos días. Lo inédito, en este caso, es la magnitud del alcance internacional de la ceniza —hasta Malta y Libia— y la duración de la crisis, que a fecha de hoy ya supera la semana continuada de afectaciones.
Otro dato curioso: la cota exacta desde la que hoy se mide la actividad del Voragine —3.403 metros— corresponde precisamente al nuevo récord de altura que el propio cráter alcanzó tras la intensa actividad de 2024, mencionado en nuestro artículo anterior. Cada nueva erupción, literalmente, redibuja la cima que los científicos usan como referencia para medir la siguiente.

Qué hacer si viajas a Sicilia estas semanas
Las autoridades y operadores turísticos recomiendan a quienes tengan previsto viajar a Sicilia en las próximas semanas:
- Verificar el estado del vuelo directamente con la aerolínea antes de salir hacia el aeropuerto, dado que la programación puede cambiar varias veces en un mismo día.
- Considerar aeropuertos alternativos (Palermo, Trapani, Comiso) como posible punto de entrada o salida, y prever tiempos de traslado adicionales por carretera.
- Seguir los canales oficiales del INGV y de SAC (gestora del aeropuerto de Catania) para información actualizada, en lugar de depender solo de rumores en redes sociales.
- Evitar el acceso a zonas restringidas cercanas al Valle del Bove y a las coladas activas, y respetar las indicaciones de la Protezione Civile.
Un volcán, una isla, una historia que continúa
Con el aeropuerto de Catania intentando recuperar la normalidad día a día y el INGV monitoreando de cerca cada variación del tremor volcánico, el Etna vuelve a demostrar por qué es uno de los volcanes más vigilados del planeta: no solo por su peligrosidad, sino por su capacidad de alterar, en cuestión de horas, la vida cotidiana de toda una región —y de recordarle al Mediterráneo entero que, bajo la superficie, la «Muntagna», como la llaman los sicilianos, sigue muy despierta.
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