- El declive industrial, con la crisis de VW como síntoma, obliga a la mayor reforma del Estado del bienestar
- El plan introduce la capitalización obligatoria y vincula la edad de jubilación a la esperanza de vida
- El giro en las pensiones alemanas servirá de patrón y aumentará la exigencia de reformas para España
Alemania llevará a cabo a partir de este año una profunda reconfiguración de su modelo económico y social a través de un paquete de 34 medidas impulsado por el Gobierno de coalición. Este plan supone la transformación más ambiciosa del Estado del bienestar germano desde las históricas reformas del canciller Gerhard Schröder en el año 2003 (denominadas Agenda 2010). El motivo es el declive industrial cuyo síntoma más visible es la crisis del grupo Volkswagen.
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Frente a la debilidad del crecimiento, la coalición ha diseñado un alivio fiscal inmediato para mejorar la situación de las clases medias y bajas. El plan introduce una rebaja directa en el impuesto sobre la renta mediante el incremento del mínimo personal exento y la deducción por hijo. Para el año 2028, cuando las medidas operen en su totalidad, una familia trabajadora de ingresos medios con dos hijos obtendrá un ahorro fiscal neto superior a los 600 euros anuales.
Al desplazar los tramos fiscales y reducir la retención en las nóminas, el Gobierno alemán estabiliza el poder adquisitivo de los contribuyentes compensando la pérdida de dinamismo de los salarios.
La reforma del sistema de jubilación constituye la pieza central del paquete social y la más conflictiva, diseñada para corregir un modelo de reparto puro —idéntico al español— que ha entrado en una fase de déficit crítico. La transición demográfica, marcada por la jubilación en masa de la generación del baby boom y la reducción de nuevos cotizantes, obliga al Estado a transferir hasta una cuarta parte de los fondos presupuestarios para cubrir el gasto en pensiones. Las proyecciones financieras indican que, sin cambios regulatorios, estas aportaciones extraordinarias llegarían a absorber el 50% del presupuesto federal en un par de décadas.
Para neutralizar este desequilibrio, Alemania adopta los principios de sostenibilidad de los modelos de Suecia, Dinamarca y Países Bajos a través de tres ejes:
Implementación de una cotización obligatoria complementaria de hasta el 2% de los ingresos brutos antes de impuestos. Este porcentaje se financiará a medias entre la empresa y el empleado destinando los fondos a una cuenta individual para invertir en los mercados financieros.
Eliminación de manera progresiva de la prejubilación sin penalización económica limitándola a aquellos trabajadores con incapacidad laboral. Hasta ahora los que hayan cotizado 45 años pueden jubilarse con 63 años.
Vinculación de la edad legal de jubilación a la esperanza de vida. El incremento es gradual hasta alcanzar los 70 años en las últimas décadas del siglo.
Los gobiernos de la parte oriental-tanto los presididos por la CDU como por el SPD- se oponen frontalmente con el argumento de que, habitualmente, la vida laboral en la antigua RDA, especialmente la de las mujeres, empezaba mucho antes que en la república federal. Temen verse desplazados por la extrema derecha, en pleno crecimiento, en las elecciones previstas el próximo año.
Esta reforma de las pensiones inaugura una revisión más amplia del Estado del bienestar que el gobierno ya traslada a las áreas de la sanidad pública y la protección social para la dependencia de mayores.
Sin embargo, no está claro que un debilitado Merz pueda sacar finalmente adelante las reformas, cuya urgencia se hace evidente, al observar la crisis de Volkswagen. El plan de de suprimir 100.000 empleos, concentrados casi en su totalidad en territorio alemán, responde al incremento de los costes fijos, principalmente los energéticos, a los aranceles de Estados Unidos y sobre todo a la competencia china y la lenta adopción del vehículo eléctrico en Europa.
La pérdida de estos puestos de trabajo industriales de alta remuneración debilita el consumo interno en las regiones fabriles y lanza una advertencia severa sobre los límites del modelo exportador germano.
La reforma alemana acentuará las exigencias de los organismos de la Unión Europea y de los mercados financieros internacionales para que los países del sur de Europa aceleren la reforma de sus propios sistemas deficitarios de reparto. La introducción de la capitalización obligatoria y el retraso efectivo de la edad de jubilación en la primera economía del bloque servirá de patrón para el resto.
El giro estratégico de Alemania genera dos repercusiones directas sobre España, actuando de forma simultánea en la política económica y en la balanza de servicios.
Teóricamente el efecto sobre el turismo emisor debería positivo porque las reducciones impositivas generarán una superior disponibilidad de liquidez que, en parte, podría ir destinada a las vacaciones, lo que beneficiara a nuestros destinos más que a los de nuestros competidores por la óptima conectividad, seguridad, calidad de las infraestructuras y relación calidad precio.
Sin embargo, la tradicional querencia al ahorro de los alemanes en situaciones de crisis afectará a todo el gasto turístico, que no crecerá, como ya se está notando también en España, antes de la posible aplicación de las reformas en los resultados del primer semestre.

Hasta ahora la debilidad de nuestro segundo mercado más importante ha sido compensada por la fortaleza de los mercados americanos, pero si la tendencia continua algunos mercados españoles se verán afectados.
