La Semana Mundial del Espacio arranca este 4 de octubre bajo el lema «Rocket Revolution», con Saturno en oposición y una exposición europea que parte de un peluche que pasó 67 días en la Estación Espacial Internacional.
Este domingo, 4 de octubre de 2026, empieza la Semana Mundial del Espacio, la cita anual que la Asamblea General de la ONU fijó, por la resolución 54/68 de 6 de diciembre de 1999, entre el 4 y el 10 de octubre. No es un aniversario móvil: las fechas recuerdan dos actos fundacionales. El 4 de octubre de 1957, la URSS puso en órbita el Sputnik 1, el primer satélite artificial. El 10 de octubre de 1967 entró en vigor el Tratado sobre el espacio ultraterrestre, base del derecho espacial vigente. La Oficina de Asuntos del Espacio Ultraterrestre de la ONU y la World Space Week Association coordinan el lema de cada edición. En 2026 es «Rocket Revolution».
Dos fechas que encierran la era espacial
El Sputnik 1 —PS-1, «satélite elemental»— despegó desde el cosmódromo de Baikonur, entonces polígono de Tyuratam, a bordo de un cohete R-7 diseñado bajo la dirección de Serguéi Koroliov. Pesaba 83,6 kilos, emitía un pitido en 20 y 40 MHz y se desintegró en la atmósfera el 4 de enero de 1958. Aquel bip, captado por radioaficionados de medio mundo, convirtió la astronáutica en asunto público.
Diez años después, el 10 de octubre de 1967, cobró fuerza el tratado abierto a la firma el 27 de enero de ese año en Washington, Moscú y Londres. Prohíbe colocar armas de destrucción masiva en órbita o en cuerpos celestes, impide la apropiación nacional de la Luna y de otros astros, y hace a los Estados responsables de la actividad espacial que parte de su territorio, incluida la de entidades no gubernamentales. Según el registro de Naciones Unidas, a octubre de 2025 lo habían ratificado 118 países y otros 20 lo habían firmado sin completar la ratificación. El texto sigue siendo el marco común; no resuelve, por sí solo, la basura orbital, las megaconstelaciones ni la explotación de recursos.
El lema: quién lanza, y con qué frecuencia
La asociación define «Rocket Revolution» como el paso de un acceso restringido a unos pocos programas estatales a un ecosistema con lanzadores comerciales, etapas reutilizables, startups, equipos universitarios y nuevas agencias nacionales. Dennis Stone, presidente de la World Space Week Association, lo resumió así en el anuncio del 30 de septiembre: el abaratamiento y la mayor cadencia han estimulado la economía espacial y usos nuevos del espacio. El presidente honorario de esta edición es Tory Bruno, de United Launch Alliance, designado al cierre de la semana de 2025.
Los registros públicos de lanzamientos ilustran el cambio de ritmo, aunque las cifras exactas varían según el catálogo. Un seguimiento basado en Launch Library 2 contaba, al 3 de octubre, 236 intentos orbitales en 2026, 114 de ellos de SpaceX. Otro recuento del familia Falcon atribuye a esos cohetes 165 vuelos en 2025 y 114 en lo que va de 2026. China, a través de CASC, figuraba en ese mismo tablero con 47 intentos en el año. La reutilización explica buena parte de la cadencia: ya no hace falta fabricar un cohete entero para cada misión. El precio de lista no es el coste marginal, y el acceso sigue siendo desigual —un cubesat universitario no equivale a una constelación—, pero el monopolio de las grandes agencias ha dejado de ser el único camino a órbita.
La semana se celebra en más de un centenar de países. Entre los actos anunciados están una exposición de la NASA en el Kennedy Space Center Visitor Complex, en torno al transbordador Atlantis; el estreno en línea de la serie Space Renaissance, de BBC StoryWorks; lanzamientos de cohetes de modelismo, y programas escolares en Arabia Saudí y en Pakistán, donde SUPARCO inauguró los actos el 2 de octubre. Cualquier actividad espacial entre el 4 y el 10 puede inscribirse en el mapa oficial, aunque no siga el lema.
Goddard, y la teoría que llegó antes
El año coincide además con el centenario del primer vuelo con éxito de un cohete de combustible líquido. El 16 de marzo de 1926, Robert H. Goddard lanzó en la granja de su tía Effie, en Auburn (Massachusetts), el aparato que llamó Nell: gasolina y oxígeno líquido, 2,5 segundos de vuelo, 41 pies de altura (12,5 metros) y 184 pies de alcance (56 metros), hasta un bancal de coles. La NASA lo recuerda como el ensayo que abrió la propulsión controlable de la que dependen después los vuelos orbitales.
Conviene matizar el relato. La idea no nació ese día. En 1903, Konstantín Tsiolkovski había publicado en Kaluga La exploración del espacio cósmico mediante aparatos a reacción, con la ecuación del cohete y la apuesta por propergoles líquidos. Hermann Oberth trabajaba en paralelo en Europa. Goddard fue el primero en hacer volar el concepto; la base teórica, decisiva para la escuela soviética, era anterior. En 1920, The New York Times había ridiculizado la idea de que un cohete pudiera funcionar en el vacío. El propio diario se retractó el 17 de julio de 1969, mientras el Apolo 11 iba camino de la Luna.

Pikachu, con matiz
La alianza más visible de esta edición es la de la Agencia Espacial Europea y The Pokémon Company International, anunciada el 19 de septiembre. Un peluche de Pikachu astronauta viajó con la astronauta francesa Sophie Adenot: del 11 de abril al 17 de junio de 2026, 67 días y unas 1.040 órbitas, según la ESA. Josef Aschbacher, director general de la agencia, presentó la colaboración como una forma de sacar la exploración espacial de los circuitos habituales. Mathieu Galante, director sénior de licencias de Pokémon, habló de «una nueva frontera» para los aficionados.
La exposición, coproducida por ambas partes, combina paneles sobre lanzadores europeos, la vida en la estación, el Sol y el Sistema Solar con personajes de la franquicia. Debutó en las jornadas de puertas abiertas de la ESA —París, Roma, Noordwijk, Darmstadt, Villanueva de la Cañada y Harwell— y sigue, de octubre de 2026 a abril de 2027, en la Cité de l’espace de Toulouse, la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, el Science Museum de Londres, el Deutsches Museum de Núremberg, el Euro Space Center de Transinne, Space Expo en Noordwijk y Lucca Comics & Games.
El juego no es, como se ha difundido, un evento mundial de incursiones. La ESA precisa que, del 4 de octubre de 2026 al 30 de abril de 2027, el Pikachu astronauta aparece en incursiones de una estrella y en investigaciones temporales para quien visite los museos participantes; del 4 al 10 de octubre hay además investigación de campo y más apariciones salvajes en esas sedes y en centros de la ESA. No hay confirmación oficial de una versión variocolor global.

Saturno, la otra cita del domingo
El mismo 4 de octubre, Saturno alcanza la oposición: la Tierra queda entre el Sol y el planeta, que sale al anochecer y se ve toda la noche. El instante ronda las 12:00–12:21 UTC. Estará a unos 8,43 unidades astronómicas —cerca de 1.260 millones de kilómetros—, con magnitud 0,3 y un disco de unos 19 segundos de arco, en la constelación de Cetus. A simple vista es un punto dorado; con un telescopio pequeño se distinguen los anillos. La oposición anterior fue el 21 de septiembre de 2025; la siguiente cae el 18 de octubre de 2027. La semana cierra el sábado 10 con el aniversario del tratado. Entre el pitido de 1957, el vuelo de 12 metros de 1926 y los lanzamientos casi diarios de 2026 hay una línea continua: el cohete dejó de ser un experimento de granja y un instrumento de Estado para convertirse en infraestructura. Quién la controla, y con qué reglas, sigue siendo la pregunta que el tratado de 1967 no terminó de responder



