La capital combina modernización, crecimiento económico y nuevos flujos migratorios con la huella todavía visible de la época de Ceaușescu, mientras recupera parte de su antiguo aire de «pequeña París».
Desde la entrada de Rumanía en la Unión Europea, el país vive una transformación rápida y visible: obras por todas partes, atascos de tráfico y un parque automovilístico moderno. La industria del automóvil y de sus componentes es una de las principales del país, destacando la fábrica de Dacia, perteneciente al Grupo Renault.
El fenómeno migratorio ha cambiado de sentido. Cerca de dos millones de rumanos que habían emigrado, sobre todo a España e Italia, están regresando. Al mismo tiempo, Rumanía se ha convertido en receptora de inmigración, con la llegada de trabajadores procedentes principalmente de Filipinas y del subcontinente indio.
El nivel de vida se percibe similar al de España; en capacidad de gasto, se sitúa apenas entre un 10% y un 12% por debajo. El país no ha adoptado la moneda única y mantiene el leu, con un cambio aproximado de cinco lei por euro. Las oficinas de cambio son abundantes y eficaces, necesarias porque en los establecimientos no aceptan euros. Sin embargo, se puede pagar en cualquier sitio con tarjeta de crédito.
La planta hotelera es moderna y cuenta con la presencia de las grandes cadenas internacionales. La oferta de restaurantes en el centro se orienta sobre todo hacia las cocinas griega e italiana. Los precios son un 30% más bajos que en España, aunque la calidad resulta irregular. En el centro histórico, o lo que queda de él, la privatización de los espacios públicos dificulta el paseo peatonal. Apenas se promociona la comida local, pero sí el vino autóctono, de buena calidad y precios accesibles.
El transporte público es eficaz y barato. El metro y los autobuses cuentan con pago mediante tarjeta contactless. Destaca la línea al aeropuerto, cuyo billete cuesta solo 60 céntimos. Los taxis también son económicos, pero algunos taxistas intentan cobrar en exceso utilizando excusas como la avería del taxímetro o exigiendo el pago en euros.
Entre finales del siglo XIX y principios del XX, la influencia de la arquitectura neoclásica y Beaux-Arts francesa transformó parte de la ciudad, otorgándole elegantes avenidas, palacetes e instituciones señoriales por los que llegó a ser conocida como «la pequeña París». Sin embargo, la fisonomía urbana está profundamente marcada por la huella del dictador Nicolae Ceaușescu, quien destruyó parte del casco histórico para abrir grandes avenidas e inmensas plazas. El lugar más visitado por los turistas es el Palacio del Parlamento, el segundo edificio administrativo más grande del mundo y de dudosa estética, accesible para visitas guiadas previa reserva. Bucarest conserva también otros edificios públicos de notable presencia, como el Teatro Nacional o la sede del Banco Nacional de Rumanía. Las inmensas plazas son de un tamaño desconocido en el resto de Europa.
Tras años de persecución religiosa, la Iglesia ortodoxa sigue activa. En el centro de la ciudad destaca la capilla de Stavropoleos, del siglo XVIII, con frescos de interés. Junto a la mayoría ortodoxa existen minorías católicas de rito oriental y protestantes, si bien la práctica religiosa es reducida.

El idioma hablado, a pesar de su origen latino, no resulta fácil de entender , pero el texto escrito se descifra con relativa facilidad si se conocen lenguas como el catalán, el francés o el italiano. Para identificar los servicios públicos las palabras que identifican el género son deliciosas : femei (mujeres) y bărbați (hombres).

En el ámbito internacional, Rumanía es miembro de la OTAN y uno de los países expuestos por su cercanía a Rusia y Ucrania. Además, limita con Transnistria, la región de Moldavia independiente de facto, no reconocida internacionalmente y con presencia de tropas rusas.
Como destino turístico, el país gana impulso gracias a la oferta de turoperadores que organizan circuitos por Rumanía, que siempre incluyen la región de Transilvania, con paradas en Brașov y el castillo de Bran en el sur, así como los monasterios con frescos del norte.


