Seis Casas, una red y un objetivo: llegar adonde no llegan las embajadas
Frente al protocolo de las cancillerías tradicionales, seis instituciones consorciadas conectan a España con América, Asia, África, el mundo árabe, Israel y el Mediterráneo desde edificios de gran valor histórico.
España no despliega su política exterior solo desde los despachos gubernamentales. Desde un palacio decimonónico junto a la fuente de Cibeles hasta una antigua estación de ferrocarril en Alicante, pasando por un edificio neomudéjar junto al Retiro, el Ministerio de Asuntos Exteriores proyecta su imagen a través de la Red de Casas: seis entidades que han hecho de la cultura, el intercambio económico, el debate académico y el diálogo intercultural sus principales herramientas de influencia.
La Red de Casas: diplomacia «de sociedad a sociedad»
La diplomacia pública ha pasado de ser un complemento de la diplomacia tradicional a convertirse en un eje de la proyección internacional de los Estados. Frente al modelo clásico, centrado en la interlocución entre administraciones, la Red de Casas diversifica los interlocutores y acerca la realidad internacional a la ciudadanía.
Su fórmula es el consorcio: en cada Casa convergen la Administración General del Estado, a través del Ministerio de Asuntos Exteriores, y las administraciones autonómicas y locales de las ciudades que albergan sus sedes.
Mientras una embajada opera bajo la lógica «de gobierno a gobierno», las Casas abren un canal «de sociedad a sociedad». Dirigen su programación a estudiantes, empresarios, artistas, investigadores y periodistas y, así, no solo proyectan la imagen de España, sino que acercan a la sociedad española la complejidad de otras regiones. Esa doble vía amplía el poder blando (soft power) del país y mantiene abiertos los canales de contacto incluso cuando se enfrían las relaciones entre gobiernos.
Seis Casas, seis sedes con historia
El uso de inmuebles singulares dota a esta diplomacia de un denso contenido simbólico y vincula la memoria urbana con la geopolítica actual.
Casa de América (Madrid)
Constituida como consorcio en 1990, en la antesala del V Centenario, es el referente de la comunidad iberoamericana. Su sede, el Palacio de Linares, fue inaugurada por Juan Carlos I el 25 de julio de 1992, durante la II Cumbre Iberoamericana. El edificio, abandonado durante décadas, se salvó de la demolición al ser declarado monumento histórico-artístico en 1976 y fue restaurado después. La leyenda urbana madrileña añade a su historia los fantasmas de los primeros marqueses de Linares.
Casa Asia (Barcelona y Madrid)
Nació en Barcelona el 9 de noviembre de 2001 y abrió su centro en Madrid en 2007, con la entrada del Ayuntamiento de la capital en el consorcio; hoy ocupa el Palacio de Cañete, en la calle Mayor. En Barcelona ha pasado por el Palau del Baró de Quadras, el recinto modernista de Sant Pau y un edificio en el distrito de Glòries, y actualmente ocupa la antigua Capella dels Infants Orfes, en el Raval. Su destino definitivo son dos pabellones del recinto de Pedralbes: según Exteriores, las obras entran en su última fase y las instalaciones deberían funcionar a finales de año.

Casa África (Las Palmas de Gran Canaria)
Constituida mediante convenio el 26 de junio de 2006, tiene su sede en la calle Alfonso XIII de Las Palmas de Gran Canaria, en la frontera atlántica de España más próxima al continente africano. En 2025, primer año de su Plan Estratégico 2025-2027, organizó 383 actividades.

Casa Árabe (Madrid y Córdoba)
El consorcio se creó en julio de 2006 por el Ministerio de Asuntos Exteriores, la AECID, la Junta de Andalucía, la Comunidad de Madrid y los ayuntamientos de Madrid y Córdoba. Su sede madrileña ocupa las antiguas Escuelas Aguirre, un edificio neomudéjar proyectado por Emilio Rodríguez Ayuso, construido entre 1881 y 1886 y declarado Bien de Interés Cultural en febrero de 2025.
Esa sede es hoy objeto de disputa. Tras la salida de la Comunidad de Madrid del consorcio, el Ayuntamiento anunció el 29 de junio de 2026 que recuperaba el inmueble, de su propiedad, y fijó el 1 de septiembre como plazo para que la institución lo abandonara, alegando problemas de conservación. Exteriores sostiene que el consistorio no puede retirar su aportación mientras esa salida no se liquide formalmente en el Consejo Rector, y la Casa continúa en el edificio mientras ambas administraciones mantienen el pulso.
Centro Sefarad-Israel (Madrid)
Fundado el 18 de diciembre de 2006, comparte con Casa Asia el Palacio de Cañete. Su ámbito es el legado sefardí y la relación con Israel, en el que se inscribe la Ley 12/2015, que abrió la nacionalidad española a los descendientes de los sefardíes expulsados en 1492. El plazo de solicitudes se cerró el 1 de octubre de 2019 con 132.226 peticiones, de las que cerca de 72.000 llegaron solo en septiembre, en su mayoría de América Latina, sobre todo de México, Colombia y Venezuela.
Casa Mediterráneo (Alicante)
Creada en 2009, la integran el Ministerio de Asuntos Exteriores, la AECID, la Generalitat Valenciana y administraciones locales alicantinas. Su denominación oficial es Casa Mediterráneo, sin el artículo «del». Su sede es la antigua estación de Benalúa, cedida por Adif en un acuerdo firmado por el entonces ministro Miguel Ángel Moratinos a cambio de su rehabilitación integral.
El vector de Asia Central (Casa Asia)
Un ejemplo de proyección especializada es Asia Central. En 2007, Casa Asia, el CIDOB y el Real Instituto Elcano crearon conjuntamente el Observatorio de Asia Central, cuya red de corresponsales cubría Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán, Uzbekistán y Mongolia. En buena parte de la región, el ruso sigue siendo la lengua de uso cotidiano en las relaciones políticas y económicas.
Un hito de esa presencia fue el I Foro Kazajistán-España, celebrado en Astaná el 16 de junio de 2026 y coorganizado por Casa Asia y Kazakh Invest. Según el Ministerio de Asuntos Exteriores kazajo, el comercio bilateral alcanzó los 1.930 millones de dólares en 2025.

Las seis Casas existen para que España dialogue con el mundo por más cauces que los de sus cancillerías y embajadas. La medida de su influencia en la próxima década dependerá de su capacidad para renovar su programación cultural, económica y académica y para conservar los edificios que las sustentan, un reto que el conflicto por las Escuelas Aguirre ha puesto de manifiesto.



