El Nobel de Medicina 2026 y el Control Neuronal por Luz
Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel han ganado el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por luz y la optogenética. El anuncio se hizo el 5 de octubre en Estocolmo. Detrás hay una pregunta que parecía una rareza de laboratorio: ¿cómo consigue un alga diminuta nadar hacia el sol?

Todo empezó con un alga
Hegemann estudió el alga unicelular Chlamydomonas y su mancha ocular, un punto naranja que detecta la luz, y allí identificó las canalrodopsinas. Junto a Nagel, en el Instituto Max Planck de Biofísica de Fráncfort, introdujo los genes del alga en óvulos de rana y en células de riñón humano. Así demostraron que la proteína era un canal iónico controlado por luz, que con luz azul se abría en 0,2 milisegundos. Los trabajos de Nagel se publicaron en Science (2002) y en PNAS (2003).
Del alga al cerebro de un ratón
El tercer galardonado dio el salto a las neuronas. Deisseroth insertó el gen de la canalrodopsina en neuronas de rata y comprobó que la luz azul desencadenaba señales nerviosas. Después usó la técnica en ratones vivos: podía provocar movimientos de sus bigotes o despertarlos mientras dormían. El nombre «optogenética» llegó en 2006.
Deisseroth lo resume así: se pueden encender y apagar células concretas, o conexiones entre regiones del cerebro, con precisión de milisegundos mientras el animal se comporta. Esa es la diferencia con la resonancia magnética, que muestra correlaciones, o con la estimulación eléctrica clásica, que afecta a todas las células cercanas al electrodo. La optogenética permite probar causas.
Qué ha permitido descubrir
Hoy se usa sobre todo como herramienta de investigación para cartografiar circuitos del miedo, la ansiedad, la recompensa, el dolor, la sed o la agresividad. También se aplica al estudio de depresión, esquizofrenia, alzhéimer, párkinson y epilepsia.
Un ejemplo célebre es el de la memoria. En 2012, un equipo del MIT reactivó con luz neuronas del hipocampo que se habían activado durante un condicionamiento de miedo, y los ratones mostraron el comportamiento de congelación en otro entorno. Conviene precisar el reparto: el estudio lo firmaron Xu Liu, Steve Ramirez y Susumu Tonegawa, con Deisseroth como coautor.

La frontera clínica: esperanza con matices
La aplicación humana más avanzada es la ceguera por retinosis pigmentaria. En 2021, en Nature Medicine, un equipo liderado por José-Alain Sahel y Botond Roska trató a un paciente ciego con un vector viral que llevaba el gen de ChrimsonR y le dio gafas que proyectan pulsos de luz sobre la retina. Con el ojo tratado y las gafas, el paciente pudo percibir, localizar, contar y tocar objetos. Las primeras señales de mejora aparecieron siete meses después de iniciar el entrenamiento visual.
Es un hito, pero no una cura. Fue un solo paciente, y el propio Sahel advirtió de que pasará tiempo hasta que la terapia pueda ofrecerse a los pacientes.
Los que se quedaron fuera
Como el reglamento no admite más de tres premiados por categoría, la lista siempre deja a alguien fuera. El artículo de 2005 que activó neuronas con canalrodopsina-2 lo firmó Edward Boyden como primer autor, con Feng Zhang y Ernst Bamberg como coautores. Gero Miesenböck, de Oxford, ya había hecho disparar neuronas con luz mediante otro sistema. En redes, muchos comentaristas señalaron la ausencia de Boyden, que no respondió a las peticiones de comentario. El comité sí citó a Miesenböck y a Zhuo-Hua Pan en su documentación de contexto. Todos ellos ya compartieron galardones previos con los laureados, como el Brain Prize de 2013.
Una ciencia que se compartió
Entre los elogios destaca uno poco habitual. El neurocientífico Rui Costa, presidente del Allen Institute, subraya que Deisseroth se comprometió a compartir herramientas y reactivos a gran escala, y eso fue igual de transformador que sus descubrimientos.
La proteína tiene primos que se estudian en Rusia. El centro de investigación de mecanismos moleculares del envejecimiento del MIPT lleva años analizando la estructura de rodopsinas microbianas. En 2024, un grupo internacional con especialistas del MIPT logró mover la cola de unos renacuajos con luz usando un rodopsina viral.
Una luz para el final
Los tres compartirán a partes iguales 12 millones de coronas (unos 1,2 millones de dólares). La entrega será en Estocolmo el 10 de diciembre. Para entonces, la historia seguirá siendo la misma: una pregunta curiosa sobre un alga acabó dando a la neurociencia un interruptor para el cerebro.

