Corazón y memoria del Alarde de Hondarribia

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Edición 2026 · 388 años de un voto que sigue caminando

Un pueblo que se reconoce a sí mismo

Cuando septiembre se derrama sobre la bahía de Txingudi, Hondarribia deja de ser una ciudad para convertirse en un sentimiento. Entre el 6 y el 11 de septiembre, la atmósfera se espesa con salitre atlántico, pólvora de arcabuz y el eco de los txibilitos. Todo el calendario festivo gira en torno a un único eje: el 8 de septiembre, el “día grande”, jornada en la que la villa no solo celebra, sino que se reconoce en un espejo de casi cuatro siglos.

Este 2026 el Alarde llega con una resonancia añadida. Al compromiso de siempre se suma que el Día de la Diáspora Vasca, que también se celebra cada 8 de septiembre, está dedicado este año al 90º aniversario del primer Gobierno Vasco, el que presidió José Antonio Agirre en 1936. El Ejecutivo autonómico ha programado más de cuarenta actos a lo largo del año para conmemorar esa efeméride, y ha situado la proyección internacional hacia las comunidades vascas del exterior como uno de sus capítulos centrales, con el 8 de septiembre como fecha simbólica de encuentro entre la historia institucional de Euskadi y la diáspora repartida por el mundo.

La coincidencia no es casual: el propio Alarde nació también como una promesa de comunidad, un voto colectivo que Hondarribia renueva generación tras generación. Para entender la fuerza con la que retumban hoy los tambores en la calle Mayor conviene desandar el camino hasta aquel verano de asedio en el que el destino de la villa pendió de un hilo.

El origen: una promesa de 1638

La palabra “alarde” procede del árabe ard, “revista de tropas”. Designaba la inspección de las milicias forales, los vecinos de entre 18 y 60 años obligados por los Fueros a defender su territorio. En Hondarribia, sin embargo, el término trascendió lo militar para volverse sagrado.

En 1638, en pleno fragor de la Guerra de los Treinta Años, un ejército francés al mando del Príncipe de Condé sitió la plaza durante 69 días. Ante la inminente caída, los sitiados se congregaron en la parroquia y elevaron un voto solemne a la Virgen: si mediaba en su liberación, caminarían cada año en procesión de gratitud hasta su santuario en el monte Jaizkibel, entonces conocido como el promontorio de Olearso. El 7 de septiembre de 1638 llegó la victoria, y en 1639 se celebró el primer Alarde, con los hombres armados como escolta de honor de la procesión religiosa.

Datos clave del origenDetalle histórico
Año del asedio1638
Duración del cerco69 días
Ejército sitiadorTropas francesas al mando del Príncipe de Condé
Fecha de la liberación7 de septiembre de 1638
Año del primer Alarde1639
Ediciones cumplidas en 2026388 años de voto renovado

Esa gratitud, lejos de erosionarse con el tiempo, se ha convertido en un ritual litúrgico que despierta a la ciudad cada amanecer de septiembre con la precisión de un latido milenario.

El desfile, paso a paso

El itinerario del día grande es una sucesión de hitos donde el orden militar y la devoción religiosa se funden en una sola marcha. Para 2026, el Ayuntamiento ha confirmado que el grueso del desfile se desarrolla entre las 7:00 y las 14:00 horas, y continúa por la tarde hasta el atardecer:

  • 05:00 h — Alborada: las campanas rompen el silencio del alba y convocan al pueblo a la jornada del voto.
  • 06:00 h — Diana: la Tamborrada y la Banda de Música recorren las calles al ritmo de parches y metales.
  • 07:00 h — Concentración en Gernikako Arbola: las compañías se reúnen en este enclave para iniciar el despliegue hacia la Plaza de Armas.
  • Recogida de la Bandera: momento de máxima tensión en el pórtico de la Iglesia de la Asunción y el Manzano, donde la enseña se entrega a la compañía entre descargas de fusilería.
  • Paso por Saindua: la comitiva avanza hacia la Ermita de Saindua, donde el Cabildo Eclesiástico deposita la bandera en un acto de hermandad civil y religiosa.
  • 11:30 h — Santuario de Guadalupe: en las faldas del Jaizkibel se cumple la esencia del voto con la misa solemne y la posterior romería.
  • Descargas en la Campa de la Cruz: tras el rito religioso, el aire se satura de humo y estruendo, homenaje de las armas a los antepasados.
  • Tarde — Regreso y ‘Rompan filas’: al caer la tarde, tras devolver la Bandera, se ordena la disolución. Suenan las marchas ‘Fagina’ y ‘Zapatero’, cerrando el ciclo de la promesa cumplida.

El rigor de los horarios y la marcialidad de las filas son solo el armazón que sostiene el verdadero espíritu de la fiesta: el rostro y la piel de quienes portan el uniforme.

La comitiva: personajes y compañías de leyenda

Cerca de una veintena de compañías —entre ellas Jaizubia, Arkoll, Kosta, Mendelu, Olearso, Kofradia, Gora Gazteak o Done Pedro— componen esta “revista de tropas”. Todas mantienen una estética que evoca la herencia de las antiguas milicias forales, guiadas por figuras de fisonomía icónica:

  • Escuadra de Hacheros: cuerpo de vanguardia con mandiles de cuero y gorros de lana blanca, herederos de los antiguos zapadores que abrían paso entre las ruinas del asedio.
  • Burgomaestre: máxima autoridad civil y militar del desfile, con frac, fajín rojo, bastón de mando y sombrero bicornio con plumas de avestruz.
  • Comandante: a caballo, con boina roja, guerrera negra y sable, garantiza que el orden y las descargas sigan el protocolo secular.
  • Infantería: la masa social del Alarde, vecinos que empuñan sus escopetas al son de pífanos y tambores.

En medio de esta estructura castrense surge la figura que enciende el fervor de la multitud: la cantinera, vínculo vivo entre el deber y la alegría.

El alma de la fiesta: el orgullo de las cantineras

Ser elegida cantinera no es un certamen de belleza: es una investidura de honor y un legado familiar que se custodia como un tesoro. Cada joven que encabeza una compañía representa la continuidad de una estirpe. Así lo viven las cantineras de esta edición, Eider Ugarte, de la Tamborrada —vinculada al recuerdo de su abuelo, que fue Tambor Mayor—, y June Oliveri, de Gora Gazteak, que hereda la vivencia de su hermana gemela.

Espero que la Tamborrada disfrute lo mismo que me va a hacer disfrutar a mí.  — Eider Ugarte, cantinera de la Tamborrada 2026

Todo va a una marcha muy alta; lo que dicen de que todo pasa súper rápido es verdad.  — June Oliveri, cantinera de Gora Gazteak 2026

Ambas coinciden en que el instante en que las recogen en casa, rodeadas de su familia, es de los más especiales del año, junto al momento en que la formación cruza la Puerta de Santa María y sube la calle Mayor entre una oleada de gritos y aplausos que hace vibrar las piedras del casco histórico.

Momentos cumbre de la cantinera

  • La recogida en casa: el primer contacto con la música y su compañía, el inicio del sueño ante los ojos de la familia.
  • El ascenso por la calle Mayor: el instante en que la formación atraviesa la Puerta de Santa María entre el clamor del público.
  • El baile del Zapatero: la apoteosis final, donde la rigidez militar se quiebra en una explosión liberadora de ritmo saltatorio.

El debate que acompaña a la fiesta: el Alarde y la igualdad

Ningún relato honesto del Alarde de Hondarribia puede obviar el conflicto social que lo atraviesa desde hace más de tres décadas: la exclusión de las mujeres como soldados en la mayoría de las compañías tradicionales, frente a la reivindicación de un desfile mixto que defiende, entre otras, la compañía Jaizkibel.

El asunto ha vuelto a primer plano en 2026. En marzo, el Ayuntamiento aprobó su II Plan de Igualdad de Mujeres y Hombres, vigente hasta 2029, con 124 acciones organizadas en cuatro ejes estratégicos. El documento dedica un apartado específico al Alarde, entendiendo la resolución del conflicto como una cuestión de igualdad, y plantea además explorar fórmulas para reconocer la violencia sufrida por quienes han defendido un alarde igualitario a lo largo de los años.

La teniente de alcalde Estitxu Urtizberea explicó que el tratamiento de este punto no responde a una decisión discrecional del Consistorio, sino a una obligación derivada de un informe vinculante de Emakunde, el Instituto Vasco de la Mujer, que constató desequilibrios de participación que deben abordarse desde las políticas públicas. La segunda teniente de alcalde, Garoa Lekuona, recordó por su parte que los hábitos sociales evolucionan y que esa evolución debe ser compatible con los derechos fundamentales.

El plan no salió adelante por unanimidad: PNV y PSE votaron en contra, no tanto por el contenido como por el proceso de elaboración, al considerar que se había excluido a una asociación local de mujeres —con más de 500 socias— partidaria del formato tradicional del desfile. El propio reparto de fuerzas municipales, con un gobierno de Abotsaniz (escisión soberanista surgida en 2015 precisamente por discrepancias sobre el Alarde) y EH Bildu, refleja hasta qué punto esta fiesta ha llegado a condicionar la política local.

La institución del Ararteko, el Defensor del Pueblo vasco, acude cada 8 de septiembre a Hondarribia desde hace años para respaldar públicamente el derecho de las mujeres a desfilar en igualdad de condiciones, al amparo de la Ley vasca para la Igualdad de Mujeres y Hombres, cuyo artículo 28.1 prohíbe organizar en espacios públicos actos festivos que obstaculicen la participación femenina en igualdad con los hombres.

Lejos de ser una nota a pie de página, este debate forma parte hoy del propio latido de la fiesta: conviven en las mismas calles la emoción intacta de las cantineras y las familias, y una tensión social que la villa sigue tratando de resolver “desde el consenso”, en palabras del propio Ayuntamiento.

Hondarribia 2026: agenda y cifras del día grande

Dato2026
Fiestas patronalesDel 6 al 11 de septiembre
Día grande / AlardeMartes, 8 de septiembre (festivo local, Virgen de Guadalupe)
Horario del desfileDe 7:00 a 14:00 h aprox., con continuación vespertina hasta el ‘Rompan filas’
Compañías participantesCerca de una veintena
Efeméride paralela90º aniversario del primer Gobierno Vasco, en el Día de la Diáspora

La programación musical, concentrada sobre todo en la carpa de la Benta, acompaña la semana grande con actuaciones que van del folk y la música popular al techno, mientras el Ayuntamiento reorganiza el tráfico y el transporte público en el centro histórico durante los días de mayor afluencia.

Una promesa que se renueva

El Alarde de Hondarribia concluye cada año recordando que la identidad no es algo estático, sino una promesa que se renueva —y que se discute, se cuestiona y se reelabora con cada generación—. En este 2026, mientras el humo de las últimas salvas se disipa sobre el Bidasoa y el eco institucional del 90º aniversario del Gobierno Vasco se cruza con el de los tambores, el pueblo respira aliviado: el voto se ha cumplido una vez más, la memoria sigue a salvo y la llama de Olearso seguirá ardiendo, con sus luces y sus sombras, una generación más.

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