La olvidada historia tras el icono de ‘La Défense’ de París que triunfa en Filmin

linkchat video conrferencing

Видеозвонки без ограничений

Проводите встречи с коллегами и клиентами без лишних сложностей.

Доступно на всех устройствах.

Попробовать бесплатно

Hay descubrimientos en el catálogo de Filmin que otorgan a la plataforma española un valioso papel de refugio cultural. En su fondo de armario conviven joyas que, por carecer de la voracidad comercial que exigen los gigantes del streaming, habrían quedado relegadas al olvido o a un paso testimonial por las salas de cine.

Es el caso de El arquitecto (L’inconnu de la Grande Arche), largometraje francés estrenado el año pasado, dirigido por Stéphane Demoustier, que aborda un episodio tan fascinante como trágico de la historia arquitectónica y política del siglo XX: la génesis, el diseño y la convulsa construcción del Gran Arco de La Défense de París.

En 1983 el presidente socialista François Mitterrand, que está en pleno despliegue de sus Grands Projets destinados a remodelar la fisonomía de la capital francesa —entre los que se encontraban la Pirámide del Louvre o la Biblioteca Nacional—, convoca un concurso internacional de arquitectura para culminar el histórico eje monumental de París. La idea consistía en cerrar la perspectiva lineal que parte del Louvre, atraviesa la Plaza de la Concordia y sube por los Campos Elíseos hasta el Arco de Triunfo, abriendo un nuevo horizonte en el incipiente distrito financiero de La Défense.

A la convocatoria acudieron los nombres más célebres del urbanismo mundial. Sin embargo, el jurado seleccionó de forma anónima un proyecto radical por su sobriedad e impronta poética: un hipercubo de mármol y cristal ideado por Johan Otto von Spreckelsen.

El fallo causó estupor en la administración gala. «Spreck», un profesor danés de 53 años cuya trayectoria profesional se limitaba prácticamente a su propia residencia familiar y a cuatro pequeñas iglesias en su país natal, se convertía de repente en el responsable de una obra monumental de proporciones faraónicas.

Stéphane Demoustier, apoyándose en la exhaustiva investigación que la escritora Laurence Cossé volcó en su novela La Grande Arche, evita el biopic convencional de hagiografía profesional. La película se articula como una lúcida disección del inevitable colapso que se produce cuando la visión estética de un creador inflexible colisiona con los engranajes del poder político y los intereses mercantiles.

El arquitecto danés no concebía el monumento como una mera estructura funcional ni como un símbolo de la finanza global, sino como una puerta abierta al mundo y una alegoría de la fraternidad humana (de ahí su denominación original, Grande Arche de la Fraternité). Sin embargo, en el momento en que los planos debían traducirse en toneladas de hormigón, acero y mármol de Carrara, Spreckelsen desembarcó en París sin un equipo propio suficiente y sin el necesario conocimiento de la intrincada burocracia francesa.

A partir de ese instante, la cinta se adentra en un fascinante pulso de alta tensión corporativa e institucional. El realizador muestra con rigor y ritmo el choque dialéctico entre la pureza formal del artista y las servidumbres de la maquinaria estatal. Por un lado, la administración de Mitterrand vivía obsesionada con inaugurar el edificio a tiempo para los actos conmemorativos del Bicentenario de la Revolución Francesa en 1989. Por otro, las empresas constructoras y los promotores privados se empeñaban en recortar calidades y costes materiales para rentabilizar la inversión inmobiliaria. Todo ello agravado por los vaivenes políticos derivados de la cohabitación a partir de 1986 con el gobierno de Jacques Chirac, que redujo los presupuestos iniciales y alteró la titularidad de los terrenos.

Uno de los grandes aciertos del filme radica en su sólido reparto. Claes Bang —actor que ya había explorado las contrariedades del mundo del arte contemporáneo en la célebre The Square de Ruben Östlund— encarna a Spreckelsen con una contención conmovedora. Bang transmite la sobriedad, la elegancia nórdica y la progresiva desesperación de un hombre acorralado que contempla cómo los comités técnicos van mermando su idea original.

Acompañando al protagonista destaca Sidse Babett Knudsen (Borgen), quien aporta aplomo en el papel de su esposa e interlocutora crítica, mientras que Michel Fau ofrece una composición certera de François Mitterrand. Mención especial merece la reaparición ante las cámaras de Xavier Dolan, interpretando a uno de los jóvenes arquitectos coordinadores del proyecto, desgajados entre la lealtad al genio y las exigencias del encargo público.

El arquitecto no es únicamente un drama histórico bien ambientado; es una reflexión atemporal sobre los límites del utopismo en la sociedad contemporánea. Exhausto por las cesiones impuestas, abatido tras ser apartado del control directo de las obras y negándose a firmar el proyecto modificado, Spreckelsen dimitió en 1986 y regresó a Dinamarca. Falleció pocos meses después sin haber visto su obra terminada.

El Gran Arco se inauguró finalmente en julio de 1989. Hoy sigue dominando el paisaje del oeste parisino como un prodigio de la ingeniería moderna, aunque muy pocos de los millones de visitantes que lo contemplan cada año conocen la identidad ni la tragedia personal del hombre que lo ideó. A través de una dirección precisa y un guion sin fisuras, Demoustier rinde homenaje a ese creador olvidado, regalando a los usuarios de Filmin una propuesta madura, apasionante e imprescindible para los amantes de la arquitectura, la historia política y el gran cine europeo.

Recibe en tu correo las últimas noticias, análisis y actualizaciones de MundoRusoHablante. Sin spam. Solo contenido relevante.

Al suscribirte aceptas nuestra política de privacidad.

Foto del avatar

Por Ignacio Vasallo

Periodista y primer director general de Turespaña. Es un reconocido experto en turismo internacional y autor de artículos e investigaciones publicados en los principales medios de comunicación de habla hispana.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *